• 28 FEB 13
    Ya es hora de cuidarse.

    Ya es hora de cuidarse.

    El Malestar de las mujeres en la mitad de la vida. Para mujeres que se han olvidado de sí mismas.

    En mi quehacer profesional como psicóloga me he encontrado a menudo con mujeres en un momento delicado de su existencia. Suelen estar en la mitad de la vida, entre los cuarenta y los cincuenta y tantos años, aunque también las he tratado con más edad y con menos, dependiendo de sus vivencias y circunstancias personales. Han luchado, se han esforzado mucho por llevar adelante su vida, su familia, su trabajo. Han cuidado… sobre todo han sido cuidadoras de todos, desviviéndose por los que están a su lado
    Llegan a mi consulta en busca de ayuda para situaciones diversas, que tienen que ver con la pareja, los hijos, la familia de origen, el trabajo o cualquier problema de la vida diaria. Pero, a medida que vamos reflexionando, se descubre una situación que tiene que ver con otra demanda, más profunda y personal: la del sentido del vivir, y el vivir con sentido.
    Su estado emocional se manifiesta como un hondo malestar que, con frecuencia, tiene que ver con algún suceso importante, o con un cúmulo de pequeñas cosas. Se podría decir que es como si su vida se hubiera detenido, a la espera de un cambio cuya necesidad se siente en los huesos, como un grito interior.
    A todas estas mujeres, mis hermanas, ¡En pie, no tengas miedo! Estás en un momento bendito. Quédate quieta, entra en ti misma, busca en tu interior. Te has dedicado a todos; ahora necesitas escuchar tu propia voz.
    Reanuda aquella actividad que te apasionaba y abandonaste cuando nacieron los niños, embárcate en ese proyecto que siempre quisiste iniciar, estudia la carrera que no pudiste hacer porque la vida es tan complicada, escribe, pinta, practica la meditación… Hazte un regalo especial: un poco de tu tiempo.
    No es necesario que abandones tus responsabilidades. Sin embargo, es el momento de recordar que la primera responsabilidad de tu vida, desde que naciste hasta que abandones este mundo, la tienes contigo misma. Nadie puede hacerte claudicar de esta aventura.

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