• 23 ABR 13
    Leer a tus hijos tiene sus ventajas

    Leer a tus hijos tiene sus ventajas

    Dicen que la música amansa las fieras. Poco se ha explorado si la lectura también posee esta facultad para calmar.

    Los libros como recurso para padres con hijos inquietos.

    Con motivo del día del libro se suelen hacer publicaciones especiales, regalos, descuentos en las librerías, se proponen actividades para fomentar la lectura entre los niños y se dan consejos a los padres para promover en casa este saludable hábito, este artículo es mi contribución para fomentar la lectura en la familia.
    Todos sabemos que los hijos son magníficos aprendices. Repiten todo lo que ven hacer a sus padres, lo bueno y lo malo. Por eso es muy importante cuidar lo que se hace delante de un niño, mucho más que lo que se dice. No le convenceremos de tener amor a los libros diciéndole que leer es bueno para él, sino leyendo en su presencia, dejando que toque y hojee los libros, que los huela y mire las fotos y los dibujos, que pase las páginas y vuelva a la que le gustó. Aunque no sean libros infantiles y aunque terminen estropeándose. Recuerdo que el primer libro que uno de mis hijos se aprendió de memoria fue uno para adultos, de naturaleza, en el que aparecían fotos de animales. Él pasaba las páginas y hacía los sonidos cuando todavía no sabía hablar.
    Leer con él sentado en las rodillas, o antes de dormir cuando ya está en la cama, es una actividad que os hace cómplices. Os daréis cuenta de que ese pequeño rato gastado en su compañía crea entre vosotros lazos afectivos de interés compartido.
    Esto está muy bien, me diréis, pero ¿qué pasa cuando los niños se pelean o se aburren y no hacen más que alborotar, poniendo a prueba la paciencia de cualquier adulto que se encuentre en su radio de acción?
    No siempre se puede recurrir a un libro para entretenerlos, pero hay momentos en los que puede ayudar. A veces, la hora de las comidas no resulta fácil. Los niños se pelean, quieren ver televisión, se les va el santo al cielo y no comen, etc. Si vosotros no coméis al mismo tiempo que ellos, probad a leerles un cuento. Y mejor aún si es un libro infantil que tenga un argumento interesante y que se pueda continuar durante varios días (siempre que sean mayorcitos para entenderlo).
    ¿Y qué decir de los viajes? Cuando ellos se aburren, la tensión aumenta. Estar quietos muchas horas es para ellos una prueba de fuego. Durante muchos años, en cada viaje que he hecho con mi familia hemos llevado un libro comprado expresamente para ir leyéndolo en voz alta por el camino. Solíamos ir a la librería a buscarlo entre todos. Las largas horas de coche se hacían más agradables y el camino terminaba impregnándose de la historia que leíamos. Esta costumbre se ha ido haciendo una tradición familiar. Hoy son ellos, mis hijos, los que han tomado el relevo y enseñan a sus parejas a que uno vaya leyendo mientras el otro conduce.

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